sábado, 22 de enero de 2011

N° 3

El tiempo enloquece fugazmente
o entristece al atardecer,
porque ha aprendido a languidecer
como el poniente sol
que se duerme para no menguar
el oscuro resplandor
de la noche amante
en el profundo firmamento
de sus perpetuas constelaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario