Hace meses que no se me ocurre nada que escribir, hace días le doy vueltas a las palabras y frases que solían aflorar en un instante y en un instante todo pierde su encanto. Ya no me importa no poder encontrarle la belleza en la cercanía de una muerte que se me escapa como los días que voy a la cafetería a acurrucarme en una taza de té mientras envidio al vagabundo que pasa sin prisa, el no tiene que preocuparse por las fechas límites; pero hay algo que realmente el deba conocer (y muy bien, en la piel), el desprecio de los demás. Ese sentimiento que a muchos sin pensarlo o no les provoca al verlo en las calles, aunque no creo que yo esté libre de eso, supongo que a mi tambien me deban despreciar, abiertamente algunos personajes sacha-politicos de mi ex universidad o de partidos retrógrados de la otra universidad que aún persisten en difundir sus carcomidas postulaciones (hipócritas), en fin, no hay nada que suela importar ahora, solo el hastío. Hace meses que pienso en dejar de volver a escribir hasta que no tenga algo que valga la pena leer, (jaja, cuando hice algo que valga la pena?), cuando estoy en mi cama completamente sobrio mi cuerpo se pudre por dentro, mi mente se desconecta de mi y no quiero seguir respirando esto, las noches de angustia se fueron pero las madrugadas y los días de hastío son cada vez más feroces, atronadores en mi vida como ecos que salpican recuerdos y presentimientos insignificantes, menos la muerte que antes acariciaba, pero a veces hay un instinto más fuerte que el quedarse tendido en la cama siendo devorado por el huracán que parece interminable, es mejor levantarse y ver las cosas de otra manera, a la manera que quieras pero siempre mirando a través de los problemas, es inevitable caer pero claudicar es de cobardes, esto no es cuestión de demostrarle nada a nadie, es cuestión de honor... y rebeldía.
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