Ahí estaba el silencio impregnándose de la oscuridad de su alma. Aún persistían en su memoria los frágiles látidos que su corazón aquella noche bajo el aguacero delataba la ironía de caminar a ninguna parte, sin saber donde prender el cigarrillo ni a donde ir a emborracharse, era una terrible sensación que solo la había imaginado en cuentos y novelas que leía cuando era un adolescente despreocupado. No era tarde y el aburrimiento parecía perfecto -sin drogas, por supuesto- cogió su reproductor mp3 y cruzó la calle muy de prisa, casi se podría decir que corría, y era una escena tambien indescriptible, pues en algunas tontas películas se acostumbra ver expresiones como esas. Fue una chispa en su cabeza, el lugar donde podría ir a emborracharse -y estar contento y... drogado por supuesto-, un bar oculto en la ciudad, perdido en el irrenunciable desparpajo de las adicciones ochenteras.... a la mierda, sólo estabas soñando despierto...
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