martes, 21 de septiembre de 2010

El acecho del delirium tremens

Porque a menudo no aprendo la lección, y muy raras me pongo a pensar en que sucedería, si un día no muy lejano, cuando realmente tenga ganas o haya encontrado un sentido no egoísta de vivir y sentir la vida, ¿acaso valdría la pena dejar todo ahora? Que terrible es tener sentimiento puros (sean de amor u odio, el equilibro parece no existir), que jodido es este lugar para aferrarse a ellos, porque en circunstancias como estas soñar no vale la pena, es una mierda decir ‘’desear’’ cuando en realidad estas convencido de la banalidad de aquellas palabras. No es raro, es esto lo cotidiano. Hace tiempo no escribo en mis papeles, ni en mi computadora ni en este blog, hace meses no leo un libro completo, alguna novela sobre personajes melancólicos y mágicos, o alguna historia que retrate la soledad como una expresión que necesitan los humanos para liberarse del patético caos creado. He estado rodeado por gente joven, y adolescentes despreocupados tal como yo solía andar-supuestamente-, hoy solo quiero vomitar. Han pasado tantos meses, no recuerdo bien, solo tengo esa sensación de profundo letargo, porque es de madrugada y no puedo dormir, estoy demasiado intoxicado, tengo la paranoia respirando a mis espaldas.

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