martes, 18 de mayo de 2010

Tardes frías

Una de esas tardes frías y con cierto aire a desolación me estimula a encerrarme en mi habitación, con las gafas de sol puestas para verme más decadente a la hora de morir. Camino desorientado sosteniendo en la mano una taza de café del cual tomo sorbos apurados como si la inspiración se me fuera a escapar de la vida y yo tratando de contenerla en mis manos también desesperadas por plasmarla en papel o en las paredes mas cercanas. Mis deseos no son el de morir literalmente, pero si saborear el profundo desfallecimiento, el inalcanzable fondo de las caídas y no saber cuan letal podría ser esta agonía, es el deseo de encontrarse muerto, si quiera por unos instantes, encender un cigarrillo y encontrarse en ese instante de tranquilidad eternizada que en mi memoria trasmutada encienden los poemas y las canciones que hablan de cielos grises y arboles encantados, sobre los gatos bajo la lluvia y los amantes que lograron acariciarse empapados de luna.

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